La Gruta Literaria
Poesía

A una poetisa polaca y otros poemas

Edwin A. Hurtado (@AlejandroHtdo)

Pintura de Jefferson Brito (@escarafante)
 

A una poetisa polaca

 

Wislawa Szymborska escribió todas nuestras vidas:

la suya, la tuya, la mía,

y también todas nuestras muertes,

incluso la de los escarabajos y las golondrinas.

 

Como lleva siempre bajo su brazo

el diccionario infinito de lo cotidiano,

puede hablarnos a todos de la misma manera:

sin tartamudear y sin agachar la cabeza.

 

No importa que seas un policía o un mendigo,

que la admires o  la ignores,

ella te observa y te sonríe

y te describe en tres o cuatro versos.

 

No importa que seas el vigilante o el gerente,

el niño que patalea o su profesor de biología,

a todos nos mira con sus ojos sinceros

y nos dice la verdad con un par de mentiras.


 

Ser y estar

 

No somos sólo personas

sino también lugares.

Mi mamá es una hacienda que administra tranquila,

a veces entre lágrimas y sollozos

y toda la familia acude a ella

para distanciarse del ruido y de la muerte.

Mi abuela es una casa grande,

con patio interior como las de pueblo,

se esconde en el baño y la cocina

para reír y llorar por lo que hacen sus nietos.

Mi tío abuelo es un parque gigantesco,

en él aprendí a leer y a escribir,

allí me dijo el nombre de los árboles y los animales

y las enseñanzas de los siete sabios griegos.

Mi hermana es un templo sagrado

se acicala con saris y  sándalo,

ofrenda a los dioses su entusiasmo

y las nuevas sonrisas que nos trajo.

Mi hermano es una gran biblioteca

donde lee y relee nuestra historia,

se pasea por sus pasillos, solitario,

rumiando sentimientos mientras piensa.

Mis amigos son un campo de fútbol,

en él nos herimos sin hacernos daño,

nos reímos de nuestras desgracias y nuestros éxitos,

nos olvidamos de las traiciones mutuas.

Tú eres una sala de cine y un bar,

un bosque y una playa,

un valle y una montaña,

subo hasta tu cumbre para descansar.

Yo soy un museo con estatuas y autorretratos,

maquetas de ciudades y huesos de dinosaurio,

mapas desteñidos e instrumentos de navegación

y un espejo antiguo en el que te puedes mirar.


 

Sueños infantiles

 

Cuando era niño

quería ser un poeta futbolista

o geógrafo, o biólogo, pero futbolista.

Pasaba mis días jugando con mapas,

números, palabras y balones.

Corría como loco a todas las canchas del barrio

mientras pensaba en Bangkok, Lisboa,

Nairobi, sietecueros, Madagascar, ulular,

Rivaldo, los hermanos de Boer, Francia 98,

Papúa Nueva Guinea y el gol que por fin había marcado.

Perseguía a los escarabajos

a los grillos y a los cocuyos.

Y mis amigos me perseguían a mí

que huía como roedor con el balón en los pies.

Bueno, pensándolo bien,

aún soy un niño poeta futbolista

y persigo los mismos sueños

por las calles de mi infancia.


 

Cotidiano

 

Como ya no me queda mucho tiempo para leer

llevo los cuentos y las poesías en el cerebro.

Me aprendo el nombre de las calles y de los árboles

recuerdo el plumaje de las aves 

y los sonidos de las lagartijas.

Observo los murales y las estatuas,

escucho con atención las frases sueltas

las conversaciones en los parques y en los cines

las canciones que se tararean en los bares.

Una persona puede recitar

el poema de su ciudad

mientras camina.

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