La Gruta Literaria
Suplemento

De los pulgares

Michel de Montaigne

 

Cuenta Tácito que ciertos reyes bárbaros, para dar fe de una obligación contraída, acostumbraban unir estrechamente las manos derechas y entrelazar los pulgares; y cuando, a fuerza de apretarse, la sangre subía a las puntas, se los herían con una ligera punción y se los succionaban mutuamente.

Los médicos dicen que los pulgares son los dedos más importantes de la mano, y que su etimología latina viene de pollere[1]. Los griegos los nombraban ἀντίχειρ, que es como decir «otra mano». Y parece ser que los latinos los toman análogamente en este sentido de mano entera:

Sed nec vocibus excitata blandis,

Molli pollice nec rogata surgit.[2]

En Roma era una señal de favor oprimir y bajar los pulgares:

Fautor utroque tuum laudabit pollice ludum[3]

y de disfavor, alzarlos y agitarlos hacia abajo:

Converso pollice vulgi,

Quemlibet occidunt populariter[4]

Los romanos eximían de la guerra a quien tuviera heridas en el pulgar, como si así ya no pudiera coger las armas con firmeza. Augusto confiscó los bienes a un caballero romano que había cortado por malicia los pulgares de sus dos hijos para excusarlos de ir al ejercito. Y, antes de esto, el Senado de tiempos de la guerra social había condenado a Caius Vatienus a prisión perpetua y le había confiscado todos sus bienes por cortarse a propósito el pulgar de la mano izquierda para eximirse de esta campaña.

Alguien de cuyo nombre no me acuerdo, tras ganar una batalla naval, hizo cortarles los pulgares a sus enemigos vencidos para privarlos del medio para combatir y remar.

Los atenienses se los hicieron cortar a los eginetas para quitarles la supremacía en el arte de la marinería.

En Lacedemonia, el maestro castigaba a los niños mordiéndoles el pulgar.


[1]     Sobresalir, prevalecer, destacarse entre otros.

[2]     «[…] de modo que ni estimulada con seductoras palabras / ni apremiada con suaves dedos se levanta». Marco Valerio Marcial, «Contra el bujarrón baso», Epigramas ii (Gredos, 1997, Madrid), xii, xcvii, v. 8, p. 377.

[3]     «[…] entusiasmado elogiará tu juego con ambos pulgares». Horacio, Epístolas i, 18, en Sátiras, Epístolas, Arte poética (Gredos, 2015, Madrid), p. 318.

[4]     «[…]  y cuando el pueblo lo ordena agitando hacia abajo el pulgar, hacen matar a quien sea», Juvenal, en Juvenal y Persio, Sátiras (Gredos, 2008, Madrid), iii, p. 142.

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