La Gruta Literaria
Entrevistas

Una entrevista a dos voces

Manuel Tiberio Bermúdez

Fotografías de archivo personal de los hermanos Gallón

Cuando los conocí, hace ya varios años, eran unos muchachos de cabello largo, que caminaban por el pueblo de Caicedonia y hacían música muy diferente a la de otros jóvenes que cantaban baladas, o que encontraban en las melodías de antaño una trinchera desde la que buscaban el reconocimiento, o soñaban con ser profesionales del canto.

Ellos hacían rock, esa música incomprensible en aquel momento para un pueblo en el que desde siempre el tango, los pasillos ecuatorianos, la música de carrilera o la de antaño, salía como un vendaval de desarraigo o de despecho por las puertas de los cafés y de las cantinas que abundan en nuestro municipio.

Habitaban esa Caicedonia campesina, lenta y sin oportunidades, que no ofrecía casi nada a quienes tenían sueños de progreso, ansias de ver nuevos parajes, anhelos de conocer otras culturas.

Recuerdo que el poeta Ricardo León Peña Villa, asistió a un encuentro de escritores, se hizo amigo de ellos y los bautizó como “Los repetidos”, pues son gemelos, es decir,  sueñan en duplicado.

Se llaman Julián y Felipe Gallón; hoy son brillantes profesionales que viajando por los caminos de un pentagrama han actuado en varios países del mundo.

Yo los he seguido en la distancia, observando cómo las fotos me muestran sus progresos, cómo esas imágenes que testimonian su viaje por el mundo le van permitiendo a uno saberlos en París, o participando de un recital en España, o sonado sus violines en Suiza. Porque no alardean, simplemente hacen lo que escogieron como oficio: música.

Aproveché este confinamiento obligado, y haciendo uso de las nuevas tecnologías de la comunicación, con la seguridad de que debían estar quietos y tendrían tiempo para responder mi interrogatorio, que me darían la oportunidad para curiosear en la distancia acerca  de su oficio y los logros alcanzados, pero sobre todo, que mi entrevista serviría para que se conozca más sobre ellos, para que sean muchos los que sientan orgullo de su quehacer, de su historia, de su oficio, les pedí una entrevista.

Este es el resultado de ese contacto en lejanía.

¿Dónde nacen y cómo estaba conformado su núcleo familiar?

Nacemos en Caicedonia, Valle. Nuestro padre se llamaba Abelardo Gallón. Falleció cuando teníamos 7 años de edad; estaba casado con nuestra madre, que se llama Martha Marleny Quintero. Tenemos dos hermanos más: nuestro hermano mayor, Mauricio Gallón; y una hermana menor, Natalia.

¿Cómo se acercan a la música en un pequeño pueblo como Caicedonia, en donde lo más que se escucha es la música popular?

Esta pregunta es muy interesante porque nunca antes nos la habían hecho. Es normal que en un pueblo se escuche solo música popular pero nuestro proceso fue un poco distinto. Desde muy jóvenes nos gustó la música rock, y el primero en influenciarnos con este género fue nuestro hermano Mauricio, quien, junto a Francisco Palacios, Gustavo Rincón y Edgar Garcés, conformaron la primera banda de rock de Caicedonia llamada Frankelly. Nosotros acostumbrábamos ir a sus ensayos y conciertos dados en el barrio La Ciudadela.

¿Cuáles fueron los primeros acercamientos a la música llamada culta y qué les atrae de ella?

Son varias las vivencias importantes que, consideramos, nos acercaron, de manera casi magnética, a la música clásica. Recordamos como si fuera ayer cuando la Filarmónica de Cali estuvo en la Casa de la Cultura de Caicedonia ofreciendo un concierto didáctico donde interpretaron un repertorio clásico fantástico para estudiantes de todos los colegios.

Otra experiencia, y desde ese día quedamos enamorados del violín, cuando entró a nuestro salón de clases, en el Colegio Bolivariano (grado 10B), un profesor de violín llamado Jhon Henry Mayer, quien interpretó el Ave María de Franz Schubert. Esto, con motivo de animar a que se inscribieran en el nuevo curso de violín creado en ese entonces por el alcalde Miguel Gualteros, quien con mucho acierto decidió invertir en la compra de 6 violines. Empezamos unas 80 personas ese curso y cada semana se hacía más y más reducido el grupo hasta que solo quedamos nosotros:  los gemelos Gallón.  

¿Háblenme de sus inicios en Caicedonia y cuáles eran los sueños en esa época; qué instrumento aprendieron a tocar primero?

Nosotros empezamos a aprender a tocar la guitarra y el bajo eléctrico desde los 11 años de edad, por influencia de nuestro hermano Mauricio, quien también ha sido un consagrado de la guitarra eléctrica y actualmente es productor musical, y a quien siempre hemos admirado mucho. También formamos una banda de rock con algunos amigos. Ellos son: Julián Raigoza (guitarra), Manuel Carvajal (voz líder) y Alex Aguirre (batería). Esta banda de rock se llamaba Darkside y fue nuestra escuela porque con ella aprendimos a sacar canciones a oído, a leer partitura y a perder miedo escénico.

¿Cuáles fueron los obstáculos más difíciles de vencer para el inicio profesional de su carrera?

Varios. Por un lado la situación económica, y por otro, el paradigma de mucha gente que solía decirnos que íbamos a morir de hambre si nos dedicábamos a vivir de la música.

Creemos que esto ha sido una lección para muchas personas que nos conocen porque en el punto en el que estamos de nuestra carrera, ellos se han dado cuenta de que la música no solo es una profesión de la que sí se puede vivir dignamente a pesar del poco apoyo cultural que hay en nuestro país, sino también un estilo de vida que nos hace felices y nos ha llevado a conocer muchos lugares maravillosos en el mundo.

¿Cómo fue ese descubrimiento de la música; qué edad tenían y cómo fue ese momento en el que se interesaron por ella?

Bueno, desde los 6 años realmente tuvimos nuestras primeras guitarras de plástico con cuatro cuerdas de nailon que difícilmente lográbamos afinar. Pero recordamos que le compusimos una canción a nuestra mamá en el día de las madres. Desde esa edad empezó a anidar la música en nuestras vidas. Pero fue justo cuando salimos del colegio cuando decidimos estudiarla formalmente porque Dios nos fue dando señales de nuestra verdadera vocación.

¿Cómo descubren que la música iría a ser el propósito de vida futura?

Esta pregunta es un poco difícil, porque realmente nos dio muy duro tomar la decisión. Oramos mucho, le pedimos cada día a Dios que nos ayudara a tomar una decisión acertada porque sabíamos que lo que eligiéramos en ese momento iba a determinar el resto de nuestra vida.

Nosotros siempre fuimos muy buenos estudiantes en el colegio; ocupábamos los primeros puestos siempre y se nos facilitó entender todas las materias. Por esta razón, mucha gente pensaba que íbamos a estudiar algo relacionado con las matemáticas, la química o filosofía.

Incluso, desde pequeños tuvimos el deseo de estudiar ingeniería civil y arquitectura. Pero creemos que en nuestra continua búsqueda de la vocación fuimos encontrando las personas idóneas que nos guiaron hasta llegar a la decisión definitiva. Una de ellas fue nuestra directora espiritual Selenne Tamayo, fundadora de la Congregación de Jesús en Caicedonia.

También fue muy importante el apoyo del reconocido violinista ruso Eugueni Sapojnikov, quien decidió recibirnos en su cátedra de estudiantes, porque un amigo que teníamos en común le enseñó un casete, en el que nosotros habíamos grabado el concierto para dos violines en La menor de Antonio Vivaldi, el cual tocábamos de oído porque en ese entonces no teníamos acceso a las partituras. En conclusión, nos gustó el reto de esforzarnos más y la música logró eso.

¿Qué es lo primero que hacen musicalmente y cómo inician el proceso de formación? ¿Dónde?

Nosotros iniciamos nuestro proceso en la Casa de la Cultura de Caicedonia con el profesor Jhon Henry Meyer, quien nos dejó muy buenas bases y, sobre todo, entusiasmo por estudiar la música.

Nuestros primeros conciertos fueron con la banda de rock en todos los barrios del pueblo, acompañando un programa que la alcaldía patrocinó, llamado “Rumba sana” y liderado por Martha Libia Buitrago, Secretaria de Cultura en ese entonces. Luego, cuando empezamos a tocar el violín, fuimos invitados por el maestro Henri Hore Espinal a dar nuestro primer concierto para celebrar un aniversario del Club de Leones. Concierto que fue registrado audiovisualmente por el Canal Centinela Televisión.

¿Qué personajes han sido sus guías en la parte de formación y qué instituciones educativas han sido relevantes en el aprendizaje?

Muchas personas son importantes en nuestra proceso, trataremos de mencionar solo algunas: Selenne Tamayo, nuestra guía espiritual; Jhon Henry Meyer, nuestro primer profesor de música; el ex alcalde Miguel Gualteros, la Casa de la Cultura de Caicedonia, el Instituto Popular de Cultura de Cali, la Universidad del Valle, la Institución Universitaria de bellas Artes y Ciencias de Bolívar, el Colegio Comfenalco en Cartagena, la Universidad Internacional de Valencia, el Conservatorio Musikene en San Sebastián y la South Mississipi Univertsity. También los maestros de violín: Eugueni Sapojnikov, Tatiana Tchijova, Lucia Matute, Izabel Mandache, Dimitri Pethoukov, Aitzol Iturriagagoitia, Giorgio Dimcesky, entre muchos con quienes estamos agradecimos por siempre.

¿Cuándo se descubren artistas formados? Aunque sé que nadie termina de formarse en lo que ama.

Bueno, esta pregunta tiene varios aspectos: el primero es el que mencionas, nunca se termina de aprender y creemos que nunca podemos llegar a decir que somos los mejores o que ya no tenemos nada más que aprender. En la música, como en otros campos, nunca se dirá la última palabra.

El otro aspecto es que cada vez que hemos ido adquiriendo ciertas destrezas musicales nos sentimos más preparados para asumir retos más difíciles. Por ejemplo, cuando empezamos a trabajar como maestros de violín y concertinos de las orquestas en Cartagena, llegar allá fue posible gracias a la obtención de nuestro título como músicos profesionales en la Universidad del Valle en Cali.

¿Por qué escogieron el violín como instrumento para desarrollar la carrera y cuáles otros instrumentos tocan?

Es algo que no es fácil de explicar. Una respuesta podría ser que simplemente nos enamoramos del violín a primera vista. Por su sonido, por lo romántico y lo sutil que suena. Otra respuesta un poco más práctica, es que en general notamos en nuestra región menos demanda de estudiantes de violín que de otros instrumentos. 

También tocamos la guitarra acústica y eléctrica, el piano, el bajo eléctrico y algo de ukelele. Ah, y cantar en la ducha porque no somos cantantes.

¿Cómo ha sido la evolución desde esa Caicedonia inicial hasta los grandes escenarios que hoy han conquistado?

Ha sido un proceso bonito, pero también arduo. Siempre hemos sabido que podemos llegar lejos, vivir en un lugar pequeño nunca limitó nuestros sueños. Hemos entendido siempre que todas las grandes cosas toman años de trabajo. Normalmente, la gente solo ve la punta del iceberg, pero no aprecian que debajo hay miles de horas de práctica, de fracasos y de pequeños éxitos que van construyendo el camino.

¿Qué sueñan a futuro en su carrera musical?

Ser doctores en música, para seguir compartiendo de manera pedagógica el maravilloso arte del violín; tener nuestra compañía de músicos en varios países y transformar, de manera positiva, las emociones de la gente que nos escuche, ya sea en grabaciones o en vivo.

¿Qué piensan de la música joven de hoy? ¿Cómo la sienten y qué les gusta de ella y qué no?

Cuando uno estudia música de manera profesional, aprende a respetar todos los géneros. Admiramos muchos estilos y escuchamos de todo. Una virtud que tiene el violín es que se presta para tocar cualquier género musical que deseemos. Esto es algo que hemos aprovechado para tocar desde una pieza clásica de Bach o Mozart hasta reggaetón, vallenato, bossa nova, jazz, tango, etc.

Con nuestro grupo musical San Felipe Ensamble, por ejemplo, sacamos lo mejor de todos los ritmos urbanos que están en tendencia y hacemos fusiones clásico-urbanas como el Vallenato Sinfónico.

Pensamos que cada género tiene buenos y malos exponentes y contar con un buen criterio musical es una gran ventaja, porque nos ayuda a seleccionar mejor lo que vamos a oír. Desafortunadamente, en la actualidad se está sacando al mercado mucha música chatarra que tiene un pobre contenido en sus letras, ritmo y su desarrollo armónico. Creemos que las personas somos la suma de todo lo que escuchamos, leemos y comemos. Por eso es importante saber seleccionar equilibradamente el mejor contenido para formarnos.

¿Qué escenarios han visitado como artistas?

En Colombia hemos tocado en todas las ciudades principales, muchas ciudades pequeñas y pueblos. Algunos de estos lugares los visitamos gracias a las giras que hemos hecho con orquestas como la Filarmónica Joven de Colombia y la Sinfónica de Bolívar. A nivel internacional hemos dado recitales y tocado con varias orquestas europeas en España, Francia, Italia, Suiza y Estados Unidos Y esperamos conocer el resto del mundo a través de la música.

¿Dónde residen y trabajan en la actualidad?

Julián vive en Estados Unidos y Felipe en España. Julián está haciendo su maestría en interpretación de violín en la Mississipi University.  Felipe está continuando sus estudios de posgrado en el conservatorio Musikene en San Sebastián. Ambos tenemos una compañía de músicos que se llama San Felipe Ensamble, con la cual hacemos conciertos, bodas y todo tipo de eventos.

¿Si no fueran músicos qué profesión hubieran escogido?

Desde niños Julián siempre quiso ser arquitecto y Felipe, ingeniero civil.

¿Qué los pone tristes?

Ambos coincidimos en que nos entristece ver tantos jóvenes desaprovechar su juventud y sus capacidades ya sea por su falta de decisión o por la falta de oportunidades para la formación.

¿Qué los pone alegres?

Ambos estamos de acuerdo en que nos pone alegres que la gente progrese, que sea feliz, que no se enferme, que cumpla sus sueños y siempre confíe en Dios.

Hoy son unos ciudadanos del mundo, ¿qué extrañan de su pueblo y qué de Colombia cuando viajan?

De Caicedonia extrañamos la comida, ¡el Pollo a la Carreta! De Colombia, su gente, los platos típicos como la bandeja paisa, el ajiaco, la arepa de huevo, la carimañola y sobre todo, las arepas de maíz sin sal.

Un pensamiento que sea guía para seguir adelante cada día.

Más que un pensamiento, nuestra vida la ponemos en Dios siempre. Él es nuestro guía y a través de su palabra guía nuestros pasos.

¿A qué le temen?

Julián, a nada; Felipe, a nada.

¿Qué hobbies tienen?

Julián: leer, escribir, componer canciones, nadar. Felipe: leer, hacer arreglos musicales, montar en bici, jugar a los video juegos.

¿Qué adicción positiva tienen?

Ambos tenemos adicción por los productos de Apple.

¿Qué comida extrañan desde el extranjero?

Ambos extrañamos las arepas y la comida de nuestra mamá.

 

Agradezco a Julián y a Felipe por esta entrevista en distancia, sé que nos faltó la mirada a los ojos para testimoniar la emoción de las respuestas, nos hizo falta la sonrisa en los rostros para advertir la alegría de las vivencias, pero quedó este testimonio que señala que se camina la vida buscando los sueños, que se trabaja duro para que sean realidad  y que en cualquier lugar del mundo hay dos caicedonenses que no olvidan que no importa el lugar de nacimiento para conquistar el mundo.

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